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lunes, 13 de febrero de 2012

Maldito día



Hoy ha sido un día horrible. ¡Maldita forma de empezar la semana!

Salí de casa a las 09:55h según mi reloj, corriendo, claro está, porque iba bastante tarde a clase. Cual es mi sorpresa cuando llego a la parada del bus: el autobús de la línea 21 va a tardar 11 minutos en venir. ¡Once minutos, uno detrás de otro!
Pude haber esperado, al fin y al cabo, el profesor dijo la semana pasada que hoy iba a empezar la clase un cuarto de hora más tarde, para no hacer pausa en medio de las dos horas seguidas que tenemos con él. Pero no esperé, ¡qué va! Se me ocurrió la brillantísima idea de ir andando a clase; -total, no se tarda tanto- pensé. En esas estaba cuando... ¡Tachán! ¡Un puesto de SeVici! ¡Con una Bicicleta disponible!
No podía perder esa oportunidad, y la saqué de su borleta, rauda y veloz:
¡CRASO ERROR!
La bicicleta era magnífica, eso no puede negarse, de las mejores que he usado en mucho tiempo: Las marchas no le saltaban sin previo aviso, el sillín estaba de una pieza, los pedales se movían con suavidad, el timbre funcionaba, el manillar no estaba desviado... Pero aun así, ojalá no la hubiera sacado nunca de su estación. Porque cuando llegué (en tiempo récord) a mi destino, dejarla fue un suplicio.
La estación del Prado de San Sebastián: llena
La estación del Lope de Vega: llena
La estación del Cristina: llena
La estación de los Jardines de Murillo: llena
Las dos estaciones de Alfonso XII: llenas ambas.

-¡A tomar viento fresco y siberiano!- Me dije, tres cuartos de hora después. Regresé sobre mis pedaleadas y deposité la bicicleta en el mismo sitio donde la saqué, en Luis Montoto. Se acabó, me voy a casa a terminar ese infernal trabajo que tengo que entregar el miércoles.
En la acera de enfrente, me llamó la atención una frutería que estaba abriendo. Le compré al dependiente medio kilo de fresas y me acabo de preparar el desayuno: un smoothie de naranja y fresa, para empezar bien el día por segunda vez.
Sano y rico. 100% natural. Sin colorantes ni conservantes.


Sí, esta jarra ha sido robada vilmente de los 100 montaditos. ¿Y qué? Soy una rebelde.


¡Bonus extra, receta de 2 minutos!

Smoothie de naranja y fresas
Preparación: Exprimimos tres-cuatro naranjas, enjuagamos y troceamos cuatro-cinco fresas y lo batimos todo. Lo ponemos en el vaso más grande que tengamos y añadimos un chorrito de leche hasta llenarlo por completo. Si no tienes un vaso o jarra lo suficientemente grande no pasa nada, te lo puedes beber directamente en el vaso de la batidora. 

jueves, 17 de noviembre de 2011

El poder de la evasión


Hace pocos días, quedé en la Alameda con unos amigos para tomar un cafetillo y pasar la tarde. Como es natural en esta época del año, oscurece bastante temprano, con el consiguiente descenso de la temperatura; sólo tenía como abrigo una chaqueta fina de algodón, que no hacía gran cosa.
No me apetecía tomar el bus hasta casa, así que saqué una bicicleta de una estación cercana, la cual sólo tenía dos disponibles. Me subí la cremallera hasta arriba, me tomé unos segundos para calcular la ruta más corta y puse un poco de música. Hacía casi un año que no montaba en bici, mi cuerpo lo notaba: me costaba mucho más trabajo que antes pedalear manteniendo un buen ritmo, ligero y estable. Transpiraba mucho, me faltaba el aire…

…cuando iba al instituto, nuestro profesor de Educación Física era implacable. Daba igual que hiciera frío o que fuese primera hora: siempre dábamos diez vueltas al patio, luego hacíamos ejercicios de movilidad y luego calentamiento muscular y articular. La media hora que sobraba la dedicábamos a practicar algún deporte o a juegos para mejorar el reflejo o la coordinación. Yo sufría terriblemente en la primera parte de la clase, pero pronto aprendí que si evadía mi mente y la “desconectaba” del cuerpo pensando en cualquier cosa (Normalmente en videojuegos o en la saga fantástica que estuviera leyendo en ese momento), podía aguantar mucho más tiempo corriendo.

Y eso fue lo que hice en esta ocasión: Dejé que mis pies pedalearan ellos solos mientras mi mente estaba lejos, muy lejos, recordando momentos mejores, pensando en videojuegos y en libros, para no perder la costumbre, sopesando la posibilidad de tener una mascota y debatiendo conmigo misma si merece la pena poner un árbol de plástico en mi habitación para celebrar el solsticio de invierno.
Cuando volví a la realidad, me había pasado bastante de largo la estación de SeVici que está enfrente del piso, de modo que giré y volví sobre mis pasos (¿O debería decir “pedaleos”?) para anclar allí a la número 2581, que tenía la tercera marcha un poco dura y a veces le bailaba el sillín, pero por lo demás era perfecta.